La "era tecnológica" y el peligro del tecnocentrismo
Germán Doig K.
Las últimas décadas
han visto un desarrollo vertiginoso de la tecnología. Ésta
se encuentra cada vez más presente en la vida cotidiana
de los seres humanos. De ahí que se hable de la llegada
de una nueva etapa en el devenir histórico, llamada "era
tecnológica".
Qué duda cabe, los beneficios que está trayendo
la tecnología son muchos y muy importantes. ¿Quién
podría imaginarse las grandes ciudades sin el recurso
a la electricidad y a los productos electrónicos? ¿Quién
dejaría de lado los notables avances en materia de salud? ¿Quién
puede menospreciar lo útil que resulta el computador,
y las posibilidades que ofrece Internet?
Pero junto a los beneficios, no se puede negar
que están surgiendo problemas nuevos ligados al desarrollo
tecnológico, y algunos de ellos con peligros y consecuencias
gravemente dañinas para el hombre. Tomando en cuenta esta
compleja realidad es que se afirma que la tecnología es
esencialmente ambigua. Los productos tecnológicos pueden
ser diseñados para bien o para mal, y asimismo pueden
ser usados con fines nobles o con objetivos perversos.
Por otro lado, si bien es cierto que "la técnica
con sus avances está transformando la faz de la tierra" (1),
como se señala en Gaudium
et spes, algunos han asumido posiciones extremas, afirmando que
la tecnología es el principal y decisivo factor de cambio
social y cultural. Esto se aprecia tanto entre quienes exaltan
a la tecnología como entre quienes la critican. Es común
que se califique a quienes se ubican en estos dos extremos como
tecnófilos y tecnófobos. También los han
llamado integrados y apocalípticos, siguiendo una terminología
que popularizó Umberto Eco en los '60 (2). Ambas posiciones le dan
a la tecnología un lugar demasiado protagónico,
cayendo en lo que se puede calificar como un tecnocentrismo.
En los primeros su entusiasmo por la tecnología los conduce
-directa o indirectamente- a un evidente absolutismo tecnológico.
Para ellos la tecnología se presenta como la actividad
más importante y como la panacea para solucionar todos
los males y problemas del ser humano. Pero este vicio también
puede atrapar a quienes se aproximan críticamente a la
tecnología y a sus efectos, como parece estar sucediendo
con no pocos. Y es que, como en los primeros, la perspectiva
de los tecnófobos le da a la tecnología un lugar
central, otorgándole un rol determinante en la vida del
ser humano, esta vez como causa de todos sus males.
Una recta aproximación consistirá pues
en dar a la tecnología el lugar que le corresponde, tomando
distancia de toda posición inspirada en una perspectiva
tecnocéntrica.
Qué es la tecnología y cuál
es su lugar
La tecnología es una de las expresiones
de la actividad del ser humano referida a la producción
de métodos o artefactos. Corresponde a la dimensión
de la actividad humana que los griegos llamaban "póiesis",
término que podemos traducir como hacer y que se refiere
a la producción. Como tal, forma parte de la cultura.
Proviene de la aplicación de la razón a determinados
medios, en vistas a conseguir de manera eficaz algo útil.
Como tal, está subordinada a las dimensiones más
esenciales de la actividad humana, en la búsqueda de la
verdad y del bien. La actividad productiva se subordina a la ética,
que a su vez depende del conocimiento de la verdad. Si la actividad
poiética es colocada por encima de las otras dos, pierde
su sentido con relación al ser humano. Es entonces cuando
aparece el tecnocentrismo, que margina las preguntas por "qué es" y "adónde
se dirige" la tecnología, para quedarse en un mero "qué hacer" y,
sobre todo, "cómo hacerlo".
Desde esta perspectiva, toda pretensión
de atribuir a la tecnología, sin más, la causa
de los problemas que han surgido en nuestra época, con
relación al desarrollo tecnológico, es reduccionista.
La "mentalidad tecnologista"
Si no es la tecnología el origen de los
problemas que han aparecido vinculados al desarrollo tecnológico, ¿qué los
ha generado? Hay que buscar sobre todo en un cambio básico
de actitudes y de ideas sobre el papel y lugar de la tecnología
en la vida de los seres humanos. ¿Qué originó este
cambio? Por lo menos está claro que no ha sido generado
sólo por el desarrollo tecnológico. En China se
inventó la imprenta varios siglos antes que Gutenberg,
y ello no influyó de modo importante en su cultura, a
diferencia de lo que ocurrió en Europa. Además
del desarrollo tecnológico y por encima del mismo se debe
señalar una cierta mentalidad que llevaría a una
modificación en la manera de entender la tecnología.
Las primeras expresiones de esta mentalidad se descubren hacia
el siglo XVII. Se debe mencionar de manera especial al renacentista
tardío Francis Bacon, con su utopía tecnológica.
A partir de entonces irá creciendo esta tendencia que
desembocará finalmente en una aproximación muy
difundida hoy en día, y que puede llamarse "mentalidad
tecnologista".
Esta mentalidad lleva a que todo sea juzgado y
valorado de acuerdo a la manera como funciona la tecnología.
Con ello las preguntas por la verdad, por el bien y por la belleza
aparecen como irrelevantes. Se produce entonces una absolutización
de la actividad productiva que conduce a que se pierda el sentido
de los fines, a partir de la perversión de los medios.
Lo que sucede entonces es que se da a un mismo tiempo la apariencia
de una máxima perfección de los medios y una máxima
confusión de los fines. En realidad, los fines desaparecen
y los medios -ahora tecnológicos- se convierten en los
nuevos objetivos. Para quienes asumen esta perspectiva, la gran
meta residiría en re-hacer el mundo a la medida de la
racionalidad tecnológica. La utopía tecnológica
se presenta entonces como el gran horizonte a partir del cual
todo se reordena.
La mentalidad tecnologista ha encontrado el caldo
de cultivo ideal en el debilitamiento de una perspectiva ética
y religiosa, que se viene dando en el mundo actual. En los países
del llamado Occidente se suma al proceso de descomposición
de las sociedades tradicionalmente cristianas y se convierte
en uno de los factores que generan el clima relativista y funcional
que ha venido ganando terreno en estos tiempos. Se descubre tanto
detrás de la ideología neo-liberal como de los
neo-marxistas, y navega cómodamente en las aguas del New
Age. Se ha expandido mucho en las sociedades desarrolladas de
Occidente y está siendo exportada al resto del planeta.
El homo technologicus
Desde la mentalidad tecnologista, la pregunta por
la naturaleza de la persona y de ahí por sus fines últimos,
es marginada en favor de una aproximación acorde con la
actividad tecnológica. El ser humano se convierte en algo
sustituible, como son sustituibles todos los medios tecnológicos.
Es claro que la persona puede ser útil de muchas maneras
que no ofenden su dignidad. Pero también debe ser claro
que no puede ser reducida a un mero "ser-útil".
Cuando esto ocurre -y está ocurriendo hoy en día-
su "valor" sólo existiría en tanto tiene
alguna utilidad con relación a algún proceso, programa
u objetivo. Como señala Georges Cottier, este hombre "se
concibe a sí mismo y a la sociedad como objetos técnicos.
Pierde de vista los fines, porque se anula en la potencia de
los medios que se vuelven fines en sí mismos, manifestaciones
del propio poderío" (3).
Podría darse entonces lo que denunciaba
Romano Guardini acerca de que por este camino se llega al concepto
del hombre "no humano" (4),
pues es reducido a una simple cosa. Incluso se habla de la "abolición
del hombre", como propone C.S. Lewis (5).
Es claro que con todo esto se va perdiendo la dignidad
de la persona, al tiempo que se reduce su vida a un simple valor
instrumental o funcional para la sociedad o los diferentes intereses
en juego -cada cual, el Estado o el mercado, o la tecnología
misma, lo definen en función de sus metas y programas-.
Se comprende así que se pretenda implementar determinadas
soluciones técnicas para resolver diversos problemas que
aparecen, pero perdiendo al ser humano en el camino. Esto se
vio por ejemplo cuando se eliminó a 3.300 embriones humanos
congelados en Inglaterra en 1996. Se descubre también
en las iniciativas de legislar en favor del aborto, la eugenesia
y la eutanasia. Y es que en una sociedad que rinde culto a la
mera utilidad y a la eficacia por la eficacia, el hombre queda
desamparado.
Tomado
de: Germán Doig K., Desafíos para la familia
en la "era
tecnológica" (póstuma),
en revista «Humanitas», Pontificia Universidad
Católica de Chile, Santiago, año VI, n. 22,
pp. 242-252.
© Derechos Reservados. No se puede copiar sin
la debida autorización.
Notas
1. Gaudium
et spes, 5.[Regresar]
2. Ver Umberto Eco, Entre
apocalípticos e integrados (1965), Lumen, Barcelona
1995.[Regresar]
3. Georges Cottier, Naturaleza
y naturaleza humana, en revista «Vida y Espiritualidad»,
Lima, mayo-agosto 1999, año 15, n. 43, p. 69.[Regresar]
4. Romano Guardini, El
poder, en Obras de Romano Guardini, t. I, Cristiandad,
Madrid 1981, p. 204. [Regresar]
5. C.S.
Lewis, La abolición del hombre, Encuentro, Madrid
21994, p. 65. [Regresar]
|